El Gran Capitan – Gonzalo Fernandez de Córdoba

El Gran Capitan es el primer militar moderno de Europa y el primero que comprende la inviabilidad de los ejércitos pesado tradicionales de la edad media. Su pericia estratégica tanto en el uso de los cuadros de infantería como de caballería, su carisma como jefe de tropas y su capacidad para sorprender y renovar el arte de la guerra, hicieron de el un mito.

Mientras que Alejandro Magno seguía su plan para intentar dominar el mundo o el mariscal Rommel ponía en práctica toda una serie de trucos innovadores para ganar en desventaja, Gonzalo Fernández de Córdoba (más bien conocido como El Gran Capitán), cambiaría por completo la historia militar. Sus aportaciones de teorías tácticas y estratégicas revolucionaron por completo el arte de la guerra, dejando su propia forma de actuar en los tercios.

Si echamos un vistazo a la historia militar, descubriremos que muchas figuras notables aplicaron ciertas estrategias más o menos efectivas, como Belisario, Clausewitz, incluso hasta Napoleón. No obstante, este militar de España cambiaría la forma en la que concebimos el campo de batalla (relacionado directamente con la creación de los Tercios españoles), añadiendo de forma visionaria algunos elementos de apreciación que no se habían comprendido hasta ese momento.
Gonzalo Fernandez de Cordoba
En las siguientes líneas vamos a revisar todos los detalles de la trayectoria de “El Gran Capitan”.

¿Quién fue El Gran Capitán?

El Gran capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, nació el 1 de septiembre del año 1453 en Montilla (ciudad de Córdoba). Era el segundo hijo de Pedro Fernández de Aguilar, V señor de Aguilar de la Frontera, y de Elvira de Herrera y Enríquez.

Desde pequeño sirvió a la corte del príncipe Alonso siendo paje. Una vez que este falleció, terminaría formando parte del séquito de la princesa Isabel.
Se iniciaría en la formación militar en la Guerra Civil Castellana, pero no sería hasta que perteneció a la de Granada cuando empezó a labrarse méritos como soldado. Por ejemplo, se encargaría de ultimar negociaciones con el monarca Boabdil para rendir la ciudad.

En el año 1945 llegaría a Calandria dirigiendo a un ejército con el objetivo de expulsar a los franceses que se habían hecho con Nápoles. Este periodo de su vida está compuesto por una serie de batallas de éxito que finalmente acabarían con la expulsión de los franceses del lugar.

3 años después, en 1498, regresaría a su país natal, en dónde recibiría el sobrenombre de Gran Capitán, además de deseado título de duque de Santángelo.
Se enfrentaría a los franceses cuando llegó el momento de repartir Nápoles, momento en el que empezaron los problemas de verdad en su vida. No sería hasta bien entrado el año 1502, cuando por fin tomaría la iniciativa y derrotaría a los franceses en Ceriñola, Seminara, en Garellano en el año 1530 y en Gaeta en el 1504. Por esa hazaña recibiría el título de virrey.

No obstante, en el momento en el que falleció Isabel I, las relaciones de “El Gran Capitán” con Fernando empezaron a deteriorarse, llegando al punto en el que el rey dictaminaría su separación del gobierno de Nápoles en 1507.

Carrera militar de el Gran Capitan

Alcanzaria gloria y honores con motivo de sus hazañas militares en Italia, las batallas de Ceriñola y Garellano son muestra de ello y sus victorias allí aumentaron su figura.

El triste deterioro de toda una leyenda

El Gran Capitán moriría en Granada a la edad de 62 años, debido a un brote de fiebres cuartanas que precisamente había contraído en una de las Guerras que había lirado en nombre del rey. Una vez que hubo fallecido, a la puerta de su casa llegarían decenas de carta ofreciéndole el pésame a su familia. La carta más curiosa fue una que mandó el propio Rey Fernando, en el que hacía referencia a la amistad que habían tenido en el pasado. En esta carta se obviaba el hecho de que el rey no había cumplido con las promesas de recompensa que le había hecho en vida.
El rey murió tan solo un mes después de que lo hiciera Gonzalo Fernández de Córdoba.

Aunque no se sabe exactamente qué motivos fueron los que deterioraron su amistad con Fernando El Católico, existen referencias que apuntan a que estaba relacionado con casos de corrupción.
En el año 1506, Fernando reclamaría a Gonzalo algunas de sus cuentas que no estaban de todo claro. Los expertos aseguran que esta reclamación no se la tomó demasiado bien, y más teniendo en cuenta todo lo que había hecho por el rey, por lo que contestaría lo siguiente: Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del Rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados»

Desde ese momento se utiliza la expresión las cuentas del Gran Capitán, precisamente como una fórmula para negar una explicación sobre algo en lo que no se tiene derecho. Sin embargo, aunque esta frase se le atribuye popularmente al “Gran Capitán”, lo cierto es que todavía no se ha podido probar que realmente sea suya.

Sí que parece que hay cierto conceso en que Gonzalo entregaría al monarca unas cuentas que no fueron totalmente de su agrado (tan y cómo aparece en el libro EDAF El Gran Capitán, escrito por los autores Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca). Estas cuentas serían analizadas por la Hacienda Real y, haciendo cálculos, consideraron que había gastado excesivamente en la Guerra de Nápoles de los periodos comprendidos entre 1501 y 1503. Al parecer, esta sería la mecha que provocaría el caos, siendo el origen de múltiples episodios de tensión entre el entonces virrey y el rey Fernando.

Como curiosidad, hubo una historia que circuló como la pólvora, que decía que el monarca había encerrado al Gran Duque. Acudieron 1500 vizcaínos, estando al servicio del capitán Juan de Lezcano, a ver al rey y, a insultos, le pedían que lo liberase, asegurando que había encerrado al mejor hombre del mundo. La cosa se agravó tanto que tuvo que acudir el mismísimo Gran Capitán para demostrar que no estaba encerrado ya que, de otra manera, esta banda no se iba a marchar de allí.
En 1507, Fernando le sustituiría por el Conde de Ribagorza y más adelante por Ramón de Cardona.
Esta es una historia de una de las personas más importantes de nuestra historia.